Ruta de las tradiciones artesanales

Jarapas, cerámica o esparto, fabricados en la misma localidad, conforman uno de los principales atractivos turísticos de Níjar, alejados de los tradicionales paisajes playeros del Parque Natural
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Ruta de las tradiciones artesanales

Jarapas, cerámica o esparto, fabricados en la misma localidad, conforman uno de los principales atractivos turísticos de Níjar, alejados de los tradicionales paisajes playeros del Parque Natural


La tranquilidad y la paz reinan en la Avenida Federico García Lorca, hace calor, pero por las aceras, al cobijo de la sobra que dejan los edificios a ambos lados, se puede pasear de forma relajada, a la vez que se contemplan los escaparates y expositores de las tiendas.

El bullicio se concentra en los comercios. Turistas y algunos autóctonos se amontonan en las puertas del gran número de comercios que llenan la extensa calle. Algunos comentan, charlar sobre las altas temperaturas, otros, sin embargo, miran con curiosidad los curiosos elementos artesanales que llenan las vitrinas y que se salen hasta las puertas.

Si hay un rincón en la provincia de Almería que se pueda destacar por su artesanía o por el trabajo de sus vecinos, esa es la Villa de Níjar. A lo largo de esta calle y la Real de las Eras, son varias las decenas de comercios y talleres donde se crean cerámicas, jarapas o elementos de esparto, que configuran una extensa oferta artesanal que es el reclamo de un nutrido grupo de visitantes, los cuales llegan a Níjar sólo para llevarse de recuerdo alguno de estos enseres hechos a mano, de una forma tan ecológica.

Se trata de una artesanía más que centenaria e, incluso, no sería arriesgado asegurar que milenaria en algunos de los casos, como es el de la cerámica. Así lo afirma Rafael Granados García, propietario de Cerámicas Granados, empresa que fue propiedad, según le cuentan, de la bisabuela de su madre y que ha ido pasando de una generación a otra.

Esparto

Pese a que el horno antiguo que utilizaban fue sustituido hace años por otro de gasoil, más potente y rápido, todavía moldea con sus manos platos, vasijas, fruteros, ceniceros y un sinfín de otros objetos, que crea a imagen y semejanza del estilo de las que, según se cree, ya se cocían en la zona en la época de los musulmanes. En la misma nave, se forman las piezas en el torno, se pintan, se les da esmalte, se cuecen y se ponen a la venta.Si curioso resulta encontrar todavía un taller ceramista de estas características, lejos de la producción industrial, no menos lo resulta el taller de Jesús López. En él se encuentra un viejo telar, que ronda el centenar de años, que todavía funciona de manera intensa y es capaz de crear jarapas de todos los tamaños, tipos y colores, en un sólo día, siendo éste el único taller de la localidad donde se pueden encargar estas telas por la mañana y tenerlas hechas por la tarde, para llevárselas en el viaje de vuelta.

Todos los procesos de fabricación de una jarapa se hacen aquí, desde las canillas hasta la confección definitiva, en este telar que funciona con la única energía que producen los pies de Jesús López al darle a los pedales. Lo rudimentario de esta máquina, que está unida por cuerdas y otros trozos de tela y que, según cuenta su propietario, “cuyas piezas se hacen siempre a medida en el carpintero, cuando se estropean o rompen, le dan a este pequeño y, a la vez, gran taller un especial toque curioso que es también un buen reclamo turístico.

Por cada rincón de la localidad se respira artesanía. Las exportaciones tienen ya un importante hueco dentro del comercio de la Villa de Níjar, sin embargo jarapas, cerámicas, metales y fundiciones siguen siendo el principal reclamos turístico de un lugar que lucha por intentar que no desaparezcan unas tradiciones que han sustentado durante muchas generaciones la economía local y que le han otorgado a la zona un matiz y reconocimiento mucho más allá de la provincia de Almería y que mueve, casi a diario, a un buen número de autobuses, que trasladan a turistas, deseosos de llevarse un recuerdo tan curioso de vuelta a su tierra.

Tan marcado es este carácter artesanal de los comercios de la Villa de Níjar que, en ocasiones, no es necesario acudir a un gran taller para contemplar alguno de estos procesos. Paseando por las calles es posible descubrir, en el rincón menos esperado, ancianos y otras personas no tan mayores que, a las puertas de sus casas dan forma a cestos, queseras o fruteros de esparto y que los dejan secar colgados de las ventanas, para que adquieren su color amarillento característico.

La mayoría de los comercios que llenan las calles de Níjar, y eso es lo más destacable, son propiedad de nijareños, se trata de comercios con largas trayectorias familiares, o están en manos de extranjeros, que llegaron hace muchos años de la localidad y se quedaron encantados con su estética, sus tradiciones y su gente, por lo que no dudaron en fijar aquí su residencia, convirtiéndose en otros vecinos más, y abriendo comercios, generando una dinámica comercial y turística que todavía se mantiene.


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