Al pie de Sierra de Gádor y mirando a la Alpujarra, Padules

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Pequeñas lagunas. Eso significa Padules, pueblo de manantiales en los que la gran riqueza arqueológica que se ha encontrado con el paso de los años remonta sus orígenes muy atrás en el tiempo. Limpio y brillante entre montañas, la naturaleza que lo envuelve lo hace perfecto para los excursionistas, para montañeros intrépidos y también para cazadores.

De hecho, una de las rutas senderistas más populares de la provincia es la de Las Canales, un paraje extraordinario de gran pureza que discute los estereotipos más comunes con los que se conoce a la provincia de Almería. Considerado como un paraíso, bien resguardado entre paredes de roca verticales, es el lecho más profundo del río y sus aguas son cristalinas.

Pero antes de emprender el recorrido en descenso primero hay que deleitarse en el pueblo, rodeado de las vegas de Arriba y de Abajo en producción agrícola tradicional y remansos de paz. La iglesia, de estilo mudéjar, es lo más alto del casco urbano y su monumento más señero, si bien a la espléndida vista que de Padules se tiene desde lejos se ha unido en los últimos tiempos su bodega.

Y es que la reconversión agrícola auspició el cultivo de la vid para la producción de grandes vinos de la Ribera del Andarax. Historia y presente, la uva se ha unido al pueblo como éste se unió a la Sierra de Gádor para ser un mirador de Sierra Nevada. El vino forma parte de una gastronomía de guisos tradicionales como los potajes de hinojos, de trigo pelado o de acelgas, el recuelco y el pan dormido.

Esta villa de la Taha de Lúchar se eleva sobre terrazas encima del Río Andarax y es un emplazamiento histórico. En el Ayuntamiento se conservan a buen recaudo los Libros de Apeos, manuscritos con los repartos de tierras tras la expulsión de los moriscos, y el visitante percibirá la esencia árabe, como rotundas son las improntas morisca y judía.

Sin duda, Padules es un municipio cargado de rincones con encanto, ya sea en su interior o en el entorno, ya sean hechos por el hombre o donados por la naturaleza para el disfrute del hombre. Sus habitantes son parte de su patrimonio, abiertos al viajero y deseosos de descubrirle los muchos tesoros que su pueblo tiene para embriagarles por todos los sentidos, el gusto, el oído, el olfato, el tacto y la vista.

De una belleza que conduce a la paz interior, su ubicación convierte a esta localidad encrucijada de caminos y nexo de unión de comarcas en la parte más alta del camino que Almería emprende desde el mar hasta tocar el cielo. Además, Padules no solo presume de sus cosas y su entorno, sino de los municipios vecinos y de la forma de ser de las gentes que los pueblan.

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