Este finde me escapo a Alcóntar

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Desde los caballeros de Don Juan de Austria tomando el pueblo de Alcóntar existe una transmisión oral de la historia de un emplazamiento privilegiado. Al norte de la provincia se encuentra el nacimiento del río Almanzora, zona de afloramientos de agua que alejan sus paisajes de los estereotipos que se tienen de una Almería árida. Es otro modo de ver esta tierra, disfrutando el turismo rural.

Los mismos vecinos de Alcóntar definen a este pequeño pueblo como de calles serpenteantes con encrucijadas por todos sitios hasta llegar a la plaza, redonda. Allí reina una fuente en la que beber una fresca y cristalina agua. Es tan transparente como los habitantes de esta localidad, sencillos, apegados a la tierra y de una vida muy natural y tranquila. El viajero se verá así impregnado de sosiego.

El valle otorga un clima magnífico y tan equilibrado como el carácter de quienes lo viven a diario y la arquitectura de unas casas bellas. La atmósfera que se respira es la de una total calma, en intimidad, con el silencio humano y los sonidos de la naturaleza como banda sonora. El reposo mental se completará con el paseo por el entorno campestre del que disfruta.

En todo caso disfruta de vida dada su apuesta por la industria cárnica, productora de unos embutidos y jamones que conquistan ya medio mundo. Claro está, es una parte importante de su gastronomía local pero que viene a completar las comidas típicas, como las migas, la fritá de conejo o los gurullos, más los dulces, que son los roscos fritos y los roscos de vino y aguardiente.

Su riqueza culinaria también cuenta con los típicos hornazos, que son bollos coronados con un huevo, con la carne de membrillo, con la mermelada de higos, con la mistela y con las conservas de productos de su propia huerta como el pimiento y el tomate. Sus tipos de embutidos son muchos, algunos difíciles de encontrar fuera de su zona de influencia pero de un sabor especial.

La naturaleza es parte del todo, rica en acuíferos, verdor en el suelo, alamedas, choperas y mimbreras… con el arroyo del Sauco repartiendo vida desde antaño, cuando además había minas de cobre y hierro. Esa es precisamente una buena ruta senderista, Sauco arriba hacia el monte del Saneo, de casi a dos mil metros, o hacia La Yedra y el Calar, entre barrancos y paisajes embriagadores.

Sus pedanías son varias, las de Níjar, Los Blánquez del Sauco, Las Carboneras, El Castillo, Los Tres Morales, Los Pulgas, Los Mínguez, Los Domenes, La Amarguilla, Los Sordos, El Prado, Los Santos, Los Marcos, Aldeire y La Manaca. Se están repoblando poco a poco en viejos cortijos o con casas nuevas, buscando el entorno natural. Resalta El Hijate como población de obligada visita.

Alcóntar puede ser un final o también un principio, inicio perfecto de excursiones por la Sierra de los Filabres. De hecho, su límite geográfico, que es también el extremo de la provincia, se encuentra en el Parque Natural de la Sierra de Baza. Hay que informarse antes de la salida, puesto que la ramificación de la red de carriles forestales es inmensa.

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